Desconfianza en el progreso

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Instituto de Biomecánica
Jueves, 24 de Noviembre de 2011 15:46
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Se atribuye a Turgot, barón de Laune, la idea moderna de progreso. El discurso que pronunció en la Sorbona en 1750 empezaba así: "Los fenómenos de la naturaleza, sometidos a leyes constantes, están encerrados en un círculo de revoluciones siempre iguales. En las sucesivas generaciones, por las que los vegetales o los animales se reproducen, el tiempo no hace sino restablecer a cada instante la imagen de lo que ha hecho desaparecer. La sucesión de los hombres, al contrario, ofrece de siglo en siglo un espectáculo siempre variado. La razón, las pasiones, la libertad producen sin cesar nuevos acontecimientos. Todas las edades están encadenadas las unas a las otras por una serie de causas y efectos, que enlazan el estado presente del mundo a todos los que le han precedido. Los signos arbitrarios del lenguaje y de la escritura, al dar a los hombres el medio de asegurar la posesión de sus ideas y de comunicarlas a los otros, han formado con todos los conocimientos particulares un tesoro común que una generación transmite a la otra, constituyendo así la herencia, siempre aumentada, de descubrimientos de cada siglo. El género humano, con alternativas de calma y agitación, de bienes y males, marcha siempre, aunque a paso lento, hacia una perfección mayor."

Esta concepción occidental del progreso, que relaciona la mejora en la condición humana con el simple paso del tiempo, ha otorgado un valor extraordinario a las ciencias y tecnologías como conocimientos útiles acumulados en las generaciones pasadas al servicio de las generaciones presentes y futuras. Sin embargo, como viene sucediendo a lo largo de la historia, los paradigmas cambian a golpe de acontecimientos como los que ahora estamos viviendo y lo que durante siglos ha sido entendido de una manera, de pronto comienza a ser interpretado de otra y "todo se desvanece en el aire", como diría el intempestivo Marx.

Esto es lo que está ocurriendo en estos momentos de crisis y desconfianza en el sistema que nos ha conducido hasta la situación en la que nos encontramos, una crisis en la que las ciencias y las tecnologías empiezan a ser sospechosas si no están al servicio directo de las personas (recuérdese lo sucedido con la OMS y la Gripe A hace dos años, por no hablar de la economía o la vulcanología). De la misma manera, cada vez son más los descreídos sobre cualquier publicidad o declaración de responsabilidad social, al tiempo que aparecen todo tipo de redes sociales en las que las personas comparten información y opiniones al margen de las instituciones.

Junto a la revisión de la idea de progreso, quizás también sea el momento de entender la innovación como un proceso vinculado directamente a las necesidades y preferencias de las personas y no como el motor que permitirá aumentar el consumo, como base de un crecimiento económico sin límites en un mundo finito.

(Artículo publicado en el diario Levante - El Mercantil Valenciano el 20/11/2011)