Desiertos

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Pedro Vera
Martes, 20 de Diciembre de 2011 17:25
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El término "food-desert", literalmente desierto de comida, se acuñó a principios de los años noventa en el Reino Unido para referirse a las áreas geográficas en las que sus habitantes sufrían problemas de salud por la existencia de barreras económicas, físicas o sociales que limitaban su acceso a comida fresca y nutritiva. Aunque estos problemas han aparecido tanto en zonas rurales como urbanas, existen dos colectivos especialmente vulnerables a ellos: las personas residentes en ciudades con bajos ingresos económicos que no pueden pagar el precio de este tipo de alimentación, y las personas mayores que, además de un bajo poder adquisitivo, padecen también problemas para desplazarse en busca de ella.

Los food-deserts son, en buena medida, una consecuencia del actual modelo de consumo, que ha sustituido las tradicionales tiendas de frutas y verduras de barrio por supermercados localizados en las periferias de los núcleos urbanos. Se estima que más de veintitrés millones de ciudadanos estadounidenses, casi siete de ellos niños, viven a casi dos kilómetros del supermercado más próximo. Por otra parte, este modelo ha dado lugar a unos patrones de calidad muy marcados por la apariencia de los productos, lo que eleva sus precios hasta niveles inalcanzables para mucha gente como consecuencia de que todos los días se desechan, por ejemplo, frutas y verduras por ser excesivamente pequeñas, tener algún defecto o estar demasiado maduras. Se calcula que cada año en los países occidentales se rechazan entre el 25% y el 40% de estas cosechas sólo por motivos estéticos.

En la actualidad, estos food-deserts han dado lugar a iniciativas muy interesantes en el campo de la innovación social. Por ejemplo, la conocida cadena de alimentación Tesco, nada sospechosa de eco-radical precisamente, ha puesto en marcha supermercados para ofrecer comida fresca y saludable a los habitantes de zonas especialmente deprimidas en los Estados Unidos y Reino Unido, compaginando exigencias sociales y negocio.

También en España, aunque por motivos muy diferentes, directamente relacionados con la búsqueda de puestos de trabajo para ganarse la vida, han ido apareciendo de nuevo fruterías y verdulerías de barrio que ponen al alcance de todos esos productos a un precio asequible. Por supuesto, se trata de negocios pero, además, están ayudando a resolver un problema social. No obstante, las barreras económicas, físicas y sociales que provocaban esta situación persisten y los grupos poblacionales vulnerables han de afrontar problemas semejantes para acceder a otros recursos básicos para lograr una calidad de vida que debiéramos considerar irrenunciable. Una primera tarea podría ser identificar las barreras que crean estos otros "desiertos" para superarlas y utilizarlas como oportunidades de nuevas prácticas que hagan compatibles los negocios con los beneficios sociales.

 

(Artículo publicado en el diario Levante - El Mercantil Valenciano el pasado 18 de diciembre de 2011)