Envejecimiento y exclusión social

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Pedro Vera
Jueves, 23 de Febrero de 2012 17:47
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El concepto de exclusión social está cambiando. Desde la idea de desigualdad en el acceso a las oportunidades por razones materiales, ha evolucionado hacia una cuestión de ruptura progresiva de las relaciones entre los individuos y la sociedad. Este significado ha ganado interés para estudiar las nuevas formas de discriminación que están apareciendo de la mano de las transformaciones económicas y sociales que se producen a escala global, terminando por definirla como una acumulación y combinación de factores de desventaja relacionados con aspectos de la vida personal, social, cultural y política de los ciudadanos.

En esta línea de pensamiento Danny Dorling, profesor de Geografía Humana de la Universidad de Sheffield, hizo referencia a un nuevo concepto de exclusión social en el contexto europeo al señalar que "la nueva exclusión es la exclusión de las vidas, la comprensión y la atención de los demás", lo que nos conduce a preguntarnos si las razones por las que 2012 ha sido declarado año europeo del envejecimiento activo y de la solidaridad intergeneracional es justo por contraste con lo que está ocurriendo a nuestro alrededor.

El descenso de la tasa de natalidad, el aumento de los divorcios, de las familias monoparentales, de los hogares unipersonales y de la esperanza de vida, unido a la escasez de recursos económicos, explican los cambios en la estructura familiar clásica en la que antes los ancianos se sentían protegidos. En concreto, los cambios sociales y económicos que se han producido durante los últimos 50 años y de manera especialmente acusada desde que en 2008 se declaró oficialmente la crisis, han alterado la manera en la que el entorno familiar se ocupa de sus mayores no sólo en el plano material sino también en el emocional, lo que contribuye a su exclusión social.

Y aunque, según las nobles declaraciones de la Comisión Europea, se trata de una ocasión para que todos reflexionemos sobre el hecho de que los europeos vivimos ahora más años y con más salud que nunca, asumiendo las oportunidades que ello representa para permanecer en el mercado laboral, seguir ejerciendo un papel activo en la sociedad y vivir una vida lo más saludable y satisfactoria posible, al mismo tiempo en nuestro país la Ley de la Dependencia ha sido cuestionada porque la situación económica y financiera que sufrimos no nos permite asumir nuevos gastos.

Como consecuencia, un buen número de adultos empiezan a comprender su desgracia por estar condenados a envejecer en una sociedad abocada a recortar sin remisión los recursos que dedica a cuidar a sus ciudadanos más vulnerables bajo la coartada de que, en caso contrario, ese mismo cuidado no será posible, sostenible dicen. Y lo que es peor, parece que muchos han renunciado a que todos tengamos derecho a un envejecimiento digno, algo que a nadie conviene dar por hecho.

 

(Artículo publicado en el Diario Levante - El Mercantil Valenciano el pasado 12 de febrero)