Huelgas de consumo

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Pedro Vera
Miércoles, 21 de Marzo de 2012 14:08
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Según cuenta la Historia, la primera huelga de la que se tiene noticias ocurrió en el Antiguo Egipto, durante el reinado de Ramsés III, en el año 1166 a. C., en una situación de decadencia y corrupción generalizada y como consecuencia del incumplimiento reiterado de los acuerdos establecidos con los obreros, artesanos y escribas encargados de los trabajos en la tumba del faraón por parte del Alcalde de Tebas.

Después de muchos siglos, el significado de huelga se ha ido renovando, yendo más allá de la suspensión de la actividad laboral por parte de ciudadanos que reivindican mejoras en sus condiciones de trabajo o luchan contra los recortes sociales para alcanzar, como señala Jacinto Ceacero, Secretario General de la CGT, la última fase del modelo productivo: el consumo.

En España este tipo de huelgas se han convocado en, al menos, dos ocasiones. El 21 de diciembre de 2010 y hace tres semanas, el 18 de febrero de 2012, aunque esta última sólo se dirigió a los trabajadores públicos. Los resultados de ambas en términos de seguimiento no fueron un éxito rotundo, como reconocían los convocantes al indicar "hemos sido muchos pero no suficientes" y señalar que, pese al silencio intencionado de los medios oficiales de comunicación, "había servido para que cientos de miles de personas se replanteasen si el actual modelo de consumo es socialmente sostenible y justo".

La idea de people empowerment, que podría traducirse como el poder de decisión de la gente, comprende diferentes iniciativas para que la opinión de las personas cuente en los asuntos que nos conciernen. Por supuesto, los ciudadanos tenemos acceso a distintos canales para hacer oír nuestra voz, como votar cada cuatro años o manifestarnos en la calle, aunque hay quien opina que no son los más efectivos, más allá del sentido del deber democrático cumplido y de la tranquilidad de conciencia que nos procuran. Quien así piensa aboga por convertir en instrumento de participación al consumo considerando que en la sociedad en la que vivimos lo que realmente importa no son las personas sino la economía.

Llegados a este punto, lo curioso es que de nuevo hayan sido los egipcios los que han marcado el camino a seguir cuando en 2011, en el marco de la Primavera Árabe, decidieron boicotear a determinadas empresas, propiedad de familiares del ejército de ese país, realizando una huelga de consumo que puso en serios aprietos a muchas de ellas, con un seguimiento de tan solo el 25% de la población.

Las empresas son conscientes del poder de los ciudadanos y, a la mínima señal, se movilizan para evitar males mayores. Sirva el ejemplo de la petrolera BP, que aumentó 6,2 veces el presupuesto que dedicaba a mejorar su imagen tras el derrame en el Golfo de México. La cuestión clave parece ser otra y es que los ciudadanos todavía no entendemos nuestro poder colectivo como consumidores.

 

(Artículo publicado en el diario Levante - El Mercantil Valenciano el pasado 11 de marzo)