Polarización social e innovación

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Pedro Vera
Miércoles, 11 de Abril de 2012 17:33
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El aumento de la mecanización y de la automatización productiva conduce a que el PIB deba crecer alrededor del 3% anual para que se mantenga el empleo. Esta circunstancia, considerando la aguda recesión que sufrimos, no nos conduce precisamente a la sociedad del ocio, como vaticinaron los expertos vaticinadores a mediados del siglo pasado, sino a la actual sociedad del paro.

Al mismo tiempo, el estado democrático-liberal está demostrando su incapacidad para promover suficientes actividades, distintas a las que marca la lógica economicista, para que los ciudadanos contribuyamos con nuestro trabajo a atender las necesidades de todos en materia de servicios sociales, sanitarios, educativos, culturales, deportivos o medioambientales, ayudando a construir un mundo mejor y más justo. Muy al contrario, da la impresión de que estemos abocados irremediablemente al crecimiento de la desigualdad entre ricos y pobres o, como se denomina en Sociología, a la polarización social, que siempre da como resultado la destrucción de las clases medias. Aquí y ahora la tasa de pobreza en la Comunidad Valenciana se sitúa entre el 20 y el 25% según el estudio de Cáritas: Exclusión y desarrollo social.

En paralelo a nuestro actual mundo polarizado, puede definirse la innovación como el resultado del proceso que permite aumentar el cociente entre el valor que percibimos en los bienes y servicios que adquirimos y el precio que hemos de pagar por ellos. En las actuales circunstancias hoy cabría hablar de una innovación orientada a la eficacia, de otra dirigida a la eficiencia e incluso de una tercera basada en el precio; es decir, de una innovación cuyo objetivo fuera incrementar el valor al margen de lo que hubiese que pagar por él, de la que tratase de maximizar la relación entre el valor y el precio, y de la dirigida a abaratar los bienes y servicios.

Un ejemplo extremo de la primera son los productos de lujo cuando su principal valor radica en la diferenciación social que establecen en función de la capacidad económica necesaria para acceder a los mismos. Un ejemplo de la segunda lo representa la cadena de tiendas MUJI, caracterizada por ofrecer productos minimalistas, sin marca, de buena relación calidad precio, una de las de mayor crecimiento en Europa. Y un ejemplo de la tercera son los productos low cost que pueden encontrarse en las tiendas de "todo a un euro", productos en gran parte prescindibles a diferencia de la imprescindible alimentación, desgraciadamente también abaratada en su calidad.

A contracorriente, lo sorprendente es que prácticamente toda la innovación que se apoya desde los programas públicos esté centrada en la primera, como si lo que está ocurriendo no hubiera abierto enormes oportunidades, por no hablar de necesidades, para reenfocar los planteamientos clásicos basados en el avance de la tecnología.

 

(Artículo publicado por el Diario Levante - El Mercantil Valenciano el 8 de abril de 2012)