Inteligencia Colectiva

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Pedro Vera
Miércoles, 16 de Mayo de 2012 16:52
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Dentro de nueve días se celebrará el primer aniversario del 15-M, un movimiento que pasará a la historia con el nombre de la plataforma que lo promovió: Democracia real ya, y por el impulso que ha supuesto a nuevas formas de comunicación y relación social en respuesta a la interpretación oficial de la realidad. Así lo explica Luis Moreno-Caballud, profesor de literatura española y comunicación en la universidad de Upenn (Filadelfia), participante desde sus inicios en otro movimiento, Occupy Wall Street, que, salvando las distancias, comparte como referencia inspiradora lo sucedido el 17 de diciembre de 2010 en Sidi Bouzid, el pequeño pueblo de Túnez en el que Mohammed Bouazizi se inmoló dando lugar a lo que meses después se conocería como Primavera Árabe.

Pese a la indudable importancia que en todos estos hechos han tenido las nuevas formas de comunicación y, en particular, internet y las redes sociales, su dimensión y trascendencia no podrían entenderse si no se considerase la profunda crisis institucional global a la que nos ha conducido el ultraindividualismo y su estrategia del sálvese quien pueda, que abandona a su suerte a un volumen creciente de ciudadanos y que, en nuestro país, se caracteriza por expulsar fuera de la capa protectora del estado del bienestar a una masa de personas cada vez más grande ante la necesidad, a la vez que coartada, de ganar en competitividad que preocupa a los que quedan dentro.

Este movimiento, que se ha granjeado las simpatías de muchos que han visto en él un atisbo de esperanza en que las cosas cambien, no sólo ha sido despreciado por los políticos y analistas conservadores sino también por algunos con reputación de progresistas que le reprochan no emplear los cauces y las formas de la ortodoxia del pensamiento revolucionario, en una demostración patente de no entender el fenómeno que representa o, peor aún, de temer perder la hegemonía de la comunicación que detentan.

Afortunadamente existen pensadores que como Pierre Lévy, profesor de la Universidad de Ottawa, o Henry Jenkins, investigador del MIT, han estudiado la combinación de la cultura de masas y las redes sociales para acuñar conceptos como inteligencia colectiva o cultura de la convergencia, que identifican la existencia de un conocimiento repartido en el que nadie lo sabe todo, para el que el ciberespacio podría convertirse en un medio de exploración de los problemas, discusión pluralista y toma de decisiones colectivas.

No deben de andar muy desencaminados cuando a ambas parte del Atlántico se promulgan leyes para poner freno a tales desmanes, la de Protección e Intercambio de Inteligencia Cibernética (CISPA, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos o la anunciada reforma del Código Penal, la Ley de Enjuiciamiento Criminal y la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana en España, sin ir más lejos.

 

(Artículo publicado por el Diario Levante - El Mercantil Valenciano el pasado 6 de mayo)