Innovación y Deporte (I+D)

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Pedro Vera
Martes, 22 de Junio de 2010 10:37
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Ya nadie discute que la innovación es imprescindible para el desarrollo socioeconómico. Sin embargo, innovar, sobre todo en materiales y tecnologías, requiere un esfuerzo económico de tal intensidad que explica porqué muchas de las innovaciones más importantes han surgido en el terreno militar, en el que las ventajas competitivas que aporta no parecen tener precio. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial se desarrolló el radar o la energía nuclear, por citar dos de los avances tecnológicos que han cambiado el mundo. De forma parecida, el sector aeroespacial también ha utilizado los mismos argumentos para justificar el volumen de recursos que exige la carrera espacial. Aún así, se estima que hacen falta cerca de treinta años para que una innovación en estos sectores llegue, si llega, al mercado de productos de gran consumo.


El deporte, un atajo para la innovación
En cambio, el deporte reúne unas características que le permiten acelerar el tránsito entre los sectores de alta intensidad innovadora y los mercados de consumo masivo, reduciendo a la mitad el tiempo necesario para que una innovación llegue a esos mercados. Cabe señalar que las exigencias de la práctica deportiva son muy superiores a las de las actividades de la vida diaria, lo que favorece que los deportistas, especialmente los de élite o los profesionales, pero no sólo ellos, estén dispuestos a pagar mucho más por productos y equipamientos que mejoren su rendimiento o sean más seguros y confortables.

Por citar algunos ejemplos, la comida liofilizada, desarrollada para los astronautas, resultó muy útil en las actividades de alta montaña y hoy se encuentra en muchos hogares; de igual forma, el Gore Tex, desde su aplicación inicial en la fabricación de arterias artificiales, ha extendido su uso en la indumentaria convencional después de haberse popularizado en los deportes al aire libre.

De manera complementaria, el deporte tiene claros efectos positivos sobre la calidad de vida de las personas favoreciendo la salud, el rendimiento y las relaciones sociales, lo que propicia innovaciones para la extensión de su práctica. Un ejemplo son los pulsómetros y recientemente las camisetas que permiten monitorizar el pulso cardíaco, lo que facilita que las personas con problemas de salud hagan deporte con mayor seguridad. De la misma forma, las grandes instalaciones deportivas, como las estaciones de esquí o los complejos deportivos, están sometidas a un uso tan masivo y diverso que hace necesario el desarrollo continuo de innovaciones en materiales, tecnologías y sistemas de gestión.

Los eventos deportivos suponen también un gran reto de organización y comunicación sobre los que se concentran grandes intereses económicos y políticos que estimulan innovaciones tecnológicas y organizativas de todo tipo. De hecho, cada cuatro años, los juegos olímpicos son una oportunidad magnífica para lanzar al mercado novedades de esta naturaleza.

Por último, el deporte asocia una serie de valores y actitudes en sus practicantes, muchas veces identificados con deportistas de alto nivel, que desde la creatividad, la exploración y las ganas de divertirse lo convierten en un tractor de tendencias culturales y sociales. Los deportes de deslizamiento y los deportes urbanos son ejemplos de ello. De esta forma, el deporte constituye en la actualidad, además de un sector económico y de empleo muy importante, como reconoce la propia Comisión Europea, un magnífico caldo de cultivo para la innovación al tiempo que un atajo para trasladar las innovaciones más radicales a los mercados de gran consumo.

(Artículo publicado en el Diario Levante - El Mercantil Valenciano el 20 de junio de 2010)