La economía del bien común

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Pedro Vera
Viernes, 14 de Septiembre de 2012 10:04
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Mientras el descrédito de las instituciones y el escepticismo en su capacidad para resolver nuestros problemas crece sin freno, se hace patente la necesidad de encontrar alternativas a lo que conocemos y cada día más personas rechazamos. Así lo señalan los análisis que van publicándose semana a semana: el 62% de los ciudadanos cuestiona a los responsables públicos, el 69% la actuación de la justicia, etc. Y no es de extrañar cuando, desentendiéndose de los graves problemas que padecemos, asistimos al espectáculo esperpéntico de las peleas internas en los partidos políticos por acceder al poder o al uso escandaloso de privilegios por parte de representantes públicos que hacen gala de su desvergüenza y el silencio cómplice de instituciones que deberían garantizar la calidad de nuestro sistema democrático.

En medio de tantas indignidades brillan de cuando en cuando respuestas a nuestros problemas. Es el caso de "La Economía del Bien Común", título de un libro que acaba de publicarse en español en el que Christian Felber, profesor de economía de la Universidad de Viena, ofrece una solución elaborada para combatir las desgracias a las que nos aboca fatalmente el modelo económico actual. Como el mismo autor señala, en 2010, cuando según una encuesta de la fundación Bertelsmann el 80% de los alemanes y el 90% de los austriacos esperaban un nuevo orden económico, desarrolló, junto a un grupo de empresarios de distintos países, los principios teóricos de esta nueva economía y los transformó en una serie de reglas de aplicación práctica como una alternativa real a la economía de mercado y a la economía planificada. Con el paso del tiempo este grupo se ha convertido en un movimiento político que presiona a sus respectivos gobiernos para que los principios teóricos de la economía del bien común se plasmen definitivamente en leyes nacionales.

Este movimiento trata de transformar el ánimo de lucro en beneficios para la comunidad y la competencia en cooperación, partiendo de la hipótesis de que los mismos valores que son fuente de motivación y felicidad para los seres humanos (aprecio, confianza, colaboración, democracia o solidaridad) debieran fundamentar nuestro sistema económico. Con este fin, define la matriz del bien común gracias a la cual se calcula cómo una empresa vive la dignidad humana, la solidaridad, la justicia social, la sostenibilidad y la democracia en relación con sus proveedores, financiadores, trabajadores y clientes, considerando su impacto local y global y los intereses de las generaciones actuales y futuras. La evaluación de esos valores debe permitir a los consumidores finales elegir los productos que les ofrezcan las empresas de la misma forma en la que las administraciones públicas podrán distinguir positivamente (a través de impuestos y del acceso a ayudas públicas) a las que los favorezcan.

(Artículo publicado el 1 de julio de 2012 en el diario Levante-El Mercantil Valenciano)