Devaluación interna

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Pedro Vera
Lunes, 17 de Septiembre de 2012 10:08
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Mientras las condiciones económicas empeoran a un ritmo acelerado y la desconfianza en las instituciones aumenta sin freno, el modelo neoliberal se va abriendo camino. Se trata de un fenómeno que ha sido denunciado como parte de un plan en el que los procesos de desregulación, privatización y liberalización se hallan al servicio de los negocios y en el que se adoptan medidas que, por un lado, deterioran la calidad de vida de una gran parte de la población situando al 25% por debajo del umbral de la pobreza mientras que, por otro, favorecen a los que más tienen a través de una amnistía fiscal o de la anunciada reducción de las cotizaciones sociales empresariales que, con el tiempo, crearán las condiciones que justificarán nuevas medidas ante la falta de dinero, en esta ocasión en contra de los pensionistas.

Es un mal panorama pero lo peor es que estas medidas sólo pueden abocarnos al desastre puesto que es impensable que España reduzca su déficit a corto plazo y, menos aún, que disminuya su deuda en la espiral de destrucción productiva en que vive, sin que se haya puesto en marcha una sola iniciativa para impulsar su capacidad competitiva, fiándolo todo a la devaluación interna, eufemismo que refiere el aumento de la competitividad que se deriva de la reducción de los salarios y los derechos laborales.

Sin considerar cómo se ha llegado a esta situación, resulta evidente que no saldremos de ella subordinados a los intereses que promueven que nuestras condiciones de vida se igualen paulatinamente a las de China, India o Brasil, con la consiguiente pérdida de las señas de identidad que han caracterizado el estado del bienestar occidental ante la aparición del nuevo modelo de referencia que ha impulsado la globalización, el que representa China.

Contra esta tendencia cabría proponer distintas iniciativas. Una podría consistir en abandonar el euro, no pagar la deuda y acercarse a planteamiento autárquicos, mientras que otra podría apostar por la innovación como vía para mejorar nuestra competitividad sobre la base de nuestras características diferenciales, las que se desprenden del estado del bienestar, recuperando la posición de referencia que nos otorga una determinada autoridad ética.

En relación con esta última opción, el 12 de julio pasado la Fundación Cotec presentó su “Informe 2012 sobre Tecnología e Innovación en España” alertando sobre el deterioro que está sufriendo nuestro sistema de innovación después de una década de consolidación y fortalecimiento, y reivindicando políticas de crecimiento en la inversión como las que están aplicando Alemania o Francia como bases de las que depende su competitividad actual y futura. Sin embargo, en España los presupuestos generales del estado para el ejercicio 2012 reducen en un 26% los recursos dedicados a estas partidas, en una muestra, otra más, de ceguera escandalosa.