El cuarto sector

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Pedro Vera
Miércoles, 21 de Noviembre de 2012 10:19
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La hipótesis, fundamental en el modelo neoliberal, de que el mercado por sí mismo será capaz de asignar los recursos de manera eficiente ha demostrado tales limitaciones en forma de pobreza, discriminación y abuso que, además de espolear la conciencia social de los ciudadanos, ha sido el revulsivo para la aparición de otras estrategias económicas como son el comercio justo, la responsabilidad social empresarial, la banca ética o los sistemas alternativos de intercambio como los bancos de tiempo.

The Aspen Institute, centro estadounidense dedicado a la investigación y docencia en innovación social, publicó en 2009 The Emerging Fourth Sector, obra en cuya introducción se explicaba que las organizaciones son importantes socialmente en la medida en que dan respuesta efectiva a las necesidades reales de las personas y que todas ellas (escuelas, hospitales, comercios, restaurantes...) sólo han utilizado tres modelos básicos para ello: las empresas privadas con ánimo de lucro, el sector público y las organizaciones no gubernamentales y no lucrativas o tercer sector. Pues bien, junto a estos modelos, guiados por valores como la sostenibilidad, responsabilidad social, transparencia, innovación y eficiencia, está apareciendo un nuevo tipo de organizaciones que, partiendo de alguno de los tres sectores clásicos de la economía, avanzan hacia posiciones en las que se mezclan sus modelos organizativos, de negocio y gestión en un contexto en el que tanto el estado como la sociedad y las empresas están redefiniendo sus funciones para adaptarse a una nueva y cambiante realidad. Este cuarto sector utiliza prácticas propias de los negocios pero las aplica con una finalidad social.

The Aspen Institute definió el conjunto mínimo de atributos que caracterizaban a estas nuevas organizaciones, destacando el compromiso con su propósito social y los métodos de negocio: las organizaciones pueden desarrollar cualquier actividad que sea coherente con su objetivo social y con la responsabilidad de quienes pueden afectar o ser afectados por sus actividades. Además de estos dos atributos, definió otros siete: la propiedad inclusiva, la gobernanza de los grupos de interés, la compensación justa, los retornos razonables, la transparencia, la protección de sus activos y la responsabilidad social y medioambiental.

Son muchos los retos a los que se enfrentan estas nuevas organizaciones, entre los que destaca la necesidad de crear redes que faciliten el trabajo entre ellas y sus grupos de interés, algo esencial para multiplicar su impacto, así como disponer de figuras jurídicas distintas a las asociaciones sin ánimo de lucro o las fundaciones que faciliten su creación, o cambios en las políticas fiscales para recompensar su labor social, lo que sin duda ayudaría a situar la economía y las empresas al servicio de los ciudadanos, que buena falta nos hace.

 

(Artículo publicado en el diario Levante - El Mercantil Valenciano el pasado 18 de noviembre de 2012)