Reputación, marca e innovación

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José Bernardo Noblejas Pérez
Miércoles, 27 de Octubre de 2010 16:19
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La reputación nos puede seguir o nos puede preceder, siendo su sombra más o menos alargada. La virtud en la reputación no reside exclusivamente en ninguno de ambos verbos, sino que descansa en los atributos que la conforman. Aunque se suele afirmar que el hombre es un animal racional, lo que al final nos mueve son percepciones, emociones y deseos que posteriormente racionalizamos para justificar nuestras opiniones y nuestras elecciones. Las percepciones que un hombre, empresa o territorio despiertan en las personas, así como los atributos que se le infieren conforman su reputación, y son la clave de su posible éxito. Descubrirlos y darles la forma deseada es una obligación si se quiere prosperar.

Tener buena o mala reputación es también consecuencia de todo lo que hacemos día a día. Las empresas y los territorios que trabajan para atesorar una buena reputación deben, en primer lugar, crear una diferencia real respecto de sus competidores. Esta diferencia, tangible o intangible, debe ser relevante, veraz y convincente. Si no es considerada importante por los demás, poca diferencia marcará. Si no es verdadera acabará descubriéndose el engaño, porque la verdad tarde o temprano termina saliendo a la luz. Si no la sabemos transmitir de poco importará que sea cierta y relevante. Hay que darla a conocer y que sea reconocida. Finalmente, si queremos que la reputación perdure ha de mantenerse la confianza que nos ha sido depositada, pero sobre todo, si queremos sobrevivir tenemos que ser innovadores útiles.

España tiene buena imagen como país digno de ser visitado, supimos exportar nuestro modelo de transición y a los ojos del mundo somos un país democrático con una cultura propia e interesante. El problema al que se enfrentan nuestras empresas cuando salen al exterior es que esta buena imagen no comprende a España como un país innovador. Tenemos grandes empresas que operan internacionalmente y cuyo éxito se debe a haber sabido innovar de una forma u otra. Pero aún así, no se acaba de relacionar la innovación con España en el imaginario colectivo. En este sentido, las instituciones y las empresas deberían hacer un esfuerzo conjunto para que se nos atribuyan los éxitos que obtenemos.

En el caso de la Comunidad Valenciana ocurre lo mismo que en el resto de España. Asociar dos conceptos íntimamente relacionados entre sí en la mente de las personas como son “calidad de vida” y “cultura mediterránea” con la Comunidad Valenciana es una atribución relevante, veraz y que puede ser convincente. En el mundo actual lo saludable y lo ecológico se han convertido en valores sumamente relevantes. Por otro lado, qué duda cabe que en nuestra Comunidad se vive bien. No engañaríamos a nadie si afirmásemos que el “estilo de vida” valenciano es saludable y atractivo. Ahora bien, que esta forma de vivir mediterránea sea nuestra ventaja competitiva es discutible en tanto que no somos los únicos a quiénes se les puede asociar tales atributos. Debemos encontrar una diferencia real que nos distinga del resto de territorios que gozan de esa misma nota, o una serie de asociaciones relacionadas con lo anterior que enriquezcan el concepto de “calidad de vida” y de “cultura mediterránea”. Sería un paso importante en la mejora de nuestra reputación. Pero sobre todo, si queremos sobrevivir y superar estos tiempos de crisis debemos concentrarnos en innovar como proceso continuo y si es necesario reinventarnos.