Innovación y Personas

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Pedro Vera
Lunes, 24 de Enero de 2011 12:22
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Son muchas las definiciones de innovación aunque pueden reducirse a una fórmula que la identifica como el resultado de los procesos que dan lugar a un crecimiento del cociente entre el valor del bien o servicio sobre el que se ha innovado y el precio que ha de pagarse por él.

A partir de esta fórmula resulta sencillo considerar las condiciones que favorecerán la aparición de oportunidades de innovación según afecten al valor de la propuesta innovadora (numerador) o a su precio (denominador).

Entre las condiciones que incrementan el valor destacan, además de las aportaciones de la tecnología, la capacidad de reconocer dicho valor por los usuarios, los prescriptores, los gestores públicos y el resto de profesionales que toman decisiones sobre la adquisición de dichos bienes o servicios, razón por la que se propugna la utilización de modelos de innovación en los que estos participan activamente como cocreadores de los mismos, las acciones dirigidas a mejorar la gestión de las administraciones públicas a través de la formación de los profesionales que trabajan en ellas o la educación y formación de los ciudadanos como consumidores capaces de reconocer los bienes y servicios capaces de contribuir a su calidad de vida.

De forma parecida, las condiciones que afectan al precio de los bienes y servicios están determinadas, además de por los costes de su producción, en los que la tecnología y la logística juegan roles muy importantes, por la consideración de los costes de la sostenibilidad. En la medida en que ésta se entienda en un sentido amplio (económica, social y ambiental), se propiciará un cambio en los productos, servicios, procesos y materiales utilizados, así como en los modelos de negocio.

Es de esperar que, ya sea por la actuación reguladora de las administraciones o por la presión de los propios ciudadanos, a los costes económicos actuales de los bienes y servicios se añadirán paulatinamente los derivados de su impacto ambiental y social.

En esas circunstancias desaparecerán progresivamente los bienes y servicios que, por insostenibles, resulten inadecuados, dando paso a otros que ofrezcan mejores costes globales siempre que mantengan el valor percibido por sus destinatarios. Las empresas seguirán distribuyendo sus productos pero el coste de la energía y su impacto ambiental acortarán la distancia a la que será rentable llegar.

Ya no se tratará de vender allá los productos y servicios que hayan demostrado sus prestaciones aquí, lo que modificará la forma en que se valorarán las tecnologías productivas, situando en mejor posición a las que permitan fabricar pequeñas series de forma ágil, local y, sobre todo, adaptadas a las características de sus clientes, personalizándolas y transformando los productos en servicios. En todos estos procesos las personas emergen como los auténticos motores de la innovación, más allá del valor de la tecnología, convertida en commodity.

(Artículo publicado en el Diario Levante el 2 de enero de 2011)