Mitos e Instrumentos

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Pedro Vera
Martes, 22 de Febrero de 2011 08:00
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La producción científica es impresionante. El número de artículos científicos publicados anualmente a inicios del siglo XXI se eleva por encima de los 2.000.000, frente a los 10.000 que se publicaron en 1900. Las bases de datos a las que se puede recurrir para recuperar información sobre cualquier área temática proliferan a un ritmo de crecimiento del 20% anual. Se estima que de cada 8 científicos o tecnólogos en toda la historia de la humanidad, 7 están en activo. Desde esta perspectiva, la Ciencia y la Tecnología son una realidad contemporánea sin parangón que, siguiendo a numerosos pensadores, han alcanzado su pleno desarrollo en el marco de un sistema de economía de mercado, en el que los estímulos competitivos las han convertido en instrumentos fundamentales y estratégicos al servicio del mercado y, por tanto, de la acumulación de capital.

Resulta razonable imaginar que esta tendencia de crecimiento exponencial no se mantendrá indefinidamente y se verá sometida a influencias adversas en el futuro, provocando las típicas inflexiones de las curvas logísticas de crecimiento en S. La necesidad de derivar esfuerzos hacia líneas de investigación asociadas a problemas hoy desconocidos o sólo latentes, la coordinación en el desarrollo de las actividades científicas y en la utilización de la información generada con el objetivo de evitar la duplicidad de esfuerzos, son sólo algunos ejemplos de los problemas con los que la producción científica se está enfrentando y habrá de enfrentarse en el futuro próximo.

En este sentido, el inmejorable caldo de cultivo que la economía de mercado ha supuesto para el desarrollo científico y tecnológico parece que habrá de cambiar. En términos historiográficos resulta concluyente que un determinado sistema social está alcanzando sus límites cuando para resolver un problema presente genera un problema mayor a medio o largo plazo.

Éste es el caso que nos ocupa cuando hablamos de la necesidad de que crezca nuestra economía para mantener el empleo y, al mismo tiempo, de los límites del crecimiento por razones de orden ecológico. Resulta revelador que las acepciones actuales de Ciencia y Tecnología representen mitos. Algunos filósofos del lenguaje indican que ello se pone de manifiesto cuando al nombrarlas hablamos de Ciencia y Tecnología en singular y no en plural. Y son mitos en la medida en que sirven a intereses concretos o, lo que es lo mismo, constituyen herramientas para vender social o económicamente algo. Cuántas veces es utilizado el término científico para apoyar aquello que conviene presentar como un hecho irrefutable. Cada época y cada cultura ha generado y sufrido posteriormente sus propios mitos. La época del auge nuclear utilizó el mito de la energía barata y limpia, la era de la informática y las telecomunicaciones empleó en sus orígenes el mito de la sociedad del ocio. Y no es necesario señalar las consecuencias de todo ello.

 

(Artículo publicado por el diario Levante El Mercantil Valenciano el 20 de febrero de 2011)