I+D en el sector servicios

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Pedro Vera
Viernes, 08 de Abril de 2011 08:00
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Un estudio publicado en 2010 con datos de 2008 presentaba una economía española terciarizada en la que los servicios constituían el 68% del PIB y algo más del 65% del empleo, lo que corresponde a la media de los países desarrollados, aunque en EE.UU. este sector ha alcanzado prácticamente el 80% del PIB, lo que contrasta con la consideración que los servicios tienen en los programas de apoyo a la I+D y la innovación, que poseen un marcado carácter industrial.

La idea es sencilla: si la creación de riqueza depende de la productividad y de la innovación, y la economía está basada en gran parte en los servicios, ¿no debería estimularse la innovación de los servicios de una manera sistemática?

Bajo el lema Innovate or Abdicate, en 2003 el informe Innovate America del Council of Competitiveness realizó una declaración inédita sobre el reto al que se enfrentaba la economía estadounidense, defendiendo nuevos esquemas de investigación y formación para la aplicación de tecnología a la resolución de los problemas complejos de una economía de servicios. Recientemente IBM ha acuñado el término Service Science, Management and Engineering como aproximación interdisciplinar al estudio, diseño e implementación de los servicios, considerados como sistemas complejos en los que disposiciones específicas de personas y tecnologías actúan para aportar valor a terceros. En ellos están involucradas distintas áreas de conocimiento como las tecnologías de la información y las comunicaciones, la organización y la gestión, las ciencias económicas, las ciencias cognitivas, el marketing, etc.

Actualmente, se habla de la economía de las experiencias como último eslabón en la progresión encadenada de los diferentes modelos económicos, basados inicialmente en la producción agraria, posteriormente en la industrial, más tarde en los servicios y actualmente en las experiencias.

En esta economía el valor reside en proporcionar al cliente una experiencia memorable teniendo en cuenta tanto los aspectos funcionales como los cognitivos y emocionales. Sea como sea, en la producción de un servicio concurren entornos, productos y profesionales por un lado y el cliente o usuario por el otro. Así, pueden aparecer entornos específicos de prestación de servicios: comercio, instalaciones deportivas, hospitales, internet, una ciudad, etc., en los que un gestor y profesionales toman decisiones y atienden a los clientes de una forma eficiente (buscando beneficios). En esos entornos, gracias a una adecuada logística, convergen las cadenas de valor de los productos necesarios para el servicio, que se integran y/o transforman según diferentes paradigmas (personalización, creación, adecuación, etc.) en el momento de su prestación. Posteriormente se desintegran, recuperan, mantienen, etc. Operaciones que suponen una oportunidad para añadir valor y que necesitan de conocimiento específico, en especial de los usuarios.

Artículo publicado en el diario Levante - El Mercantil Valenciano el pasado 20 de marzo de 2011